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Tarde de sexo o el sutil romanticismo de una película porno. (General)

Escrito por Nadie, Friday, 25 de February de 2005, 16:58 (7088 days hace...)

El peugeot 307 cc tiene una maniobrabilidad incre√≠ble. Su poderoso motor de 2.0 litros y 140 caballos de fuerza, mas su hipn√≥tico y aerodin√°mico dise√Īo, permiten dejar atr√°s a todos en viaducto con facilidad, alcanzando f√°cilmente los 160 kil√≥metros por hora en distancias cortas. Adem√°s, sus frenos de disco, con sistema ABS en las cuatro ruedas, hacen que bajar de esa velocidad a casi cero, para tomar la salida correcta, y luego volver a volar, sea cosa de ni√Īos. Ser√≠a una maravilla que pudiera llegar en esas condiciones a mi cita en un hotel de la Roma, l√°stima que no es mi caso. En cambio, iba en mi viejo chevy 96 a vuelta de rueda sobre un viaducto atestado de autos, preocupado no s√≥lo por llegar tarde, sino adem√°s porque el ventilador el√©ctrico tardaba cada vez m√°s en encender y la aguja de la temperatura se acercaba peligrosamente al filo del rojo.
Sin embargo, como sea, tomé el eje 2 poniente Monterrey al tiempo que se activaba el ventilador y, ya más tranquilo, pude reconcentrarme en la perspectiva de lo que me esperaba.
Me detuve en una farmacia, compr√© sico rojos sobre con 9, no porque fuera a usarlos todos (ya quisiera) sino porque era la √ļnica presentaci√≥n que hab√≠a (los Trojan no me gustan) y por fin llegu√© al hotel. Fui a recepci√≥n al tr√°mite de rigor y mientras sub√≠a las escaleras mand√© un mensaje con mi celular indicando la habitaci√≥n, seg√ļn acuerdo previo. “Es un SMS, Su Majestad Sof√≠a, qu√© mam√≥n soy”, me acord√©. Abr√≠ la puerta y fui directo a echarme de espaldas al colch√≥n, no s√≥lo para probar su resistencia sino porque realmente me hac√≠a falta. As√≠ me qued√© como 10 minutos, inm√≥vil, sin alcanzar a concretar la idea de que no hab√≠a espejo en el techo, aunque s√≠ molest√°ndome por eso, hasta que tocaron a la habitaci√≥n. No bien hab√≠a abierto la puerta cuando recib√≠ un beso r√°pido, de piquito, y ella se meti√≥ al ba√Īo con un “esp√©rame tantito”. Aprovech√© para sacar de la cartera 3 billetes de quinientos que puse en el tocador, frente al espejo y esper√© mientras me arreglaba el cuello de la camisa y el cabello.
Mi coraz√≥n se aceler√≥ al verla salir y un peque√Īo remolino instant√°neo fue concentr√°ndose en el vientre para bajar hasta mi miembro con sensaci√≥n de hormigueo, prepar√°ndolo para la acci√≥n. Llevaba puesta una microfalda roja entallada que comenzaba en las caderas y terminaba donde apenas iniciaban los muslos de sus piernas blanqu√≠simas, torneadas, depiladas, suaves como trabajadas por ebanista del renacimiento, pilares sostenidos por zapatillas altas y abiertas, mostrando sus hermosos pies. Arriba, un bikini hecho apenas de dos peque√Īos tri√°ngulos equil√°teros rojos tambi√©n dejaba ver la turgente redondez de sus senos y su breve cintura. Se hab√≠a pintado de profundo sus ojos negros y otro rojo insinuante delineaba su boca. Se par√≥ provocativamente abriendo las piernas y con los brazos en jarra: “¬ŅQu√© te parece>”, pregunt√≥.
Fui de inmediato a abrazarla para no caer impresionado por la visi√≥n. “Eres hermosa”, contest√© galante. Nos dimos un beso profundo y se separ√≥ un paso de m√≠ para tomar los billetes y ponerlos en su bolsa con sonrisa p√≠cara. La abrac√© de nuevo por la cintura desde su espalda y la llev√© frente al espejo para tenerla ante mi vista al acariciar sus pechos, besar su cuello, aspirar su aroma, vestirla con mis manos y sentir el convexo de sus nalgas en el c√≥ncavo de mi bajo vientre, donde la prominencia de mi excitaci√≥n inevitable mejoraba el acoplamiento al vaiv√©n de una m√ļsica suave y antigua que comenz√≥ a escucharse a lo lejos, en nuestro honor seguramente.
Liberar las caderas de la presi√≥n de la falda de lycra era una misi√≥n que mis manos ten√≠an que cometer con la estrech√≠sima supervisi√≥n de mi boca, que certificaba cada cent√≠metro de avance con un beso h√ļmedo y succionador. El complemento del bikini era tal y
como lo hab√≠a imaginado, otro tri√°ngulo equil√°tero rojo sobre el v√≥rtice de su sexo depilado del que ya no me desprend√≠ despu√©s de arrebatarle su √ļltima cubierta. Sent√≠ el endurecimiento de su cl√≠toris ante las caricias de mi lengua y ah√≠ mismo, recargada en el tocador, comenz√≥ jadear con sutiles espasmos. Me levant√© de improviso, la cargu√© y la llev√© a la cama, termin√© de quitarle la tanga y volv√≠ ah√≠, a√ļn vestido, hasta que explot√≥ en un orgasmo intenso que la hizo serpentear su cuerpo, girar en la cama, arquear su espalda y morderse el dorso de la mano para ahogar sus gritos. Mir√© el paisaje del para√≠so mientras me desnudaba. A√ļn no acababa de sacudirse cuando sinti√≥ la cercan√≠a de un felattio inminente al que se entreg√≥ con fruici√≥n y as√≠ estuve un buen rato sobre la cama, con su cabeza entre mis piernas regal√°ndome placer hasta que tuve que detenerla, para evitar erupciones precipitadas. Me puse el cond√≥n y el resto fue un abrazo fren√©tico del que no nos separamos hasta recorrer la cama de lado a lado y la galaxia del primero al √ļltimo sol.
Nos entregamos al sopor por no se cu√°nto tiempo. Afuera comenz√≥ a llover y a m√≠ me despert√≥ un calambre salvaje en mi pierna izquierda. Debo haber gemido de m√°s, porque abri√≥ los ojos espantada “¬ŅQu√© tienes>” “Un calambre –contest√©- pero ya est√° pasando”. “Ahorita vengo, voy al ba√Īo”, contest√≥ mientras caminaba al ba√Īo con su sinuoso andar de pantera.
“Es hora de las fantas√≠as”, pens√© mientras aprovechaba para sacar de las muchas bolsas del chaleco de fot√≥grafo, que hab√≠a colgado en el respaldo de la silla, una pa√Īoleta de seda y un aceite para masajes y los escond√≠ debajo de una almohada.
Cuando sali√≥ del ba√Īo, prendi√≥ la tele, que estaba en el mero canal porno. Ah√≠, en un cl√°sico close up, unos genitales se agitaban sin descanso mientras la actriz gem√≠a, sin embargo, con aire de indiferencia y tedio.
Cuando regresó la acosté boca abajo, vendé sus ojos no sin antes cerrarlos con besos y comencé a darle un masaje con el aceite de aromaterapia que compré en una sexshop en el Eje Central y sus gemidos comenzaron a confundirse con los de la tele, donde una nueva pareja le daba un poco más de veracidad a la escena.
Recorrí con mis yemas resbalosas desde la punta de los dedos de sus pies hasta detrás de los lóbulos de sus orejas y en el camino subió otra vez el calor, los gemidos, los besos en mi pecho y los mutuos mordiscos en nuestros labios hasta engancharnos de nuevo de una, dos, tres maneras distintas; ella concentrándose en su piel y el sonido de la tele, yo, templado a mas no poder, mirándola a ella y la pantalla, sucedáneo del espejo en el techo que no existía.
Despu√©s descubr√≠ que hab√≠an pasado como cuatro horas en total, incluido el segundo periodo de sue√Īo. Al salir, pasamos a cenar a un Vips cercano y luego nos metimos a un centro comercial. Como este mes me toca comprar a m√≠ la despensa, los tres billetes fueron a dar a la caja del centro comercial para pagar los dos carritos repletos de leche, cereal, arroz, frutas, verduras, toda la later√≠a, pastas de dientes, jabones, desodorante y el largo etc√©tera de la lista. Luego ya pasar√≠amos por los ni√Īos, encargados en casa de mi suegra.


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