Viktoria, el encanto de repetir (General)
Por motivos diversos, no habÃa podido relatar mi segunda experiencia con esta bella mujer cuya capacidad para despertar el deseo es prodigiosa. Comencemos, pues.
Conocà a Viky hace varios ayeres. Esa vez quedé fascinado. No por falta de voluntad, sino por otras razones, no habÃa podido volverla a ver. Pero siempre estuve al tanto de ella, gracias a este foro. De vez en cuando, le echaba un ojo a sus reseñas y recreaba mi vista con las fotografÃas que Viky se preocupa por actualizar con frecuencia. Ustedes saben, estimados foristas, la imaginación vuela más rápida y más lejos que la luz cuando el recuerdo de una grata experiencia la echa a andar. Entre los recuerdos de una tarde de cierto noviembre y las fantasÃas sobre un futuro encuentro, transcurrieron varios meses. Las experiencias propias y ajenas nos dicen que segundas partes nunca fueron buenas y que veinte años después las cosas no son iguales ni mejores. Pero pudo más la tentación que el miedo al fracaso.
Ya instalado e inquieto ante la inminente llegada de Viky, se me ocurrió pedirle un favor. QuerÃa ver qué reacciones provoca en otros hombres. Por las reseñas de ustedes, sé que esas reacciones son parecidas a las que yo experimento. Pero querÃa comprobarlas de cerca. Le pedà que me dejara bajar por ella a la recepción. Accedió. Ahà nos reencontramos tras meses de ausencia. TraÃa el atuendo rosa estampado que muestra en una de sus fotos tomadas con el celular. Se veÃa portentosa. Me reconoció, nos saludamos. De inmediato percibà el ambiente cargado de deseo. El tipo de la recepción y un cliente que pasaba lanzaron miradas morbosas sobre nosotros. Debo decir que me cohibà un poco. De inmediato subimos por el ascensor, en esos segundos que duró el trayecto me desinhibà un poco. Se abrió la puerta y creo que un par de empleados de mantenimiento se dieron cuenta de que la contienda amorosa entre Viky y yo se aproximaba a su culminación y no podÃa esperar más. Aquellos hombres se quedaron entre cuchicheos y risitas. Nos apresuramos a llegar a la habitación.
Una vez dentro, me di cuenta de que Viky y yo seguimos siendo los mismos de la primera vez. Fue como si sólo hubiera habido una pequeña pausa entre aquella ocasión y ésta. Nuestros cuerpos se reconocieron con pasión. Los besos, las caricias, los gemidos y el deseo consumiéndonos y consumándose inundaron la habitación. FÃsica, mental y económicamente, sólo iba preparado para una hora. Pero ya estábamos ahà ella y yo, no bastaban sesenta minutos. Saqué fuerzas (y recur$os) de donde pude para prolongar una hora más aquel prodigio. Salà de aquella habitación exhausto y sonriente.
Viky, muchas gracias por todo. Creo que nos reencontraremos pronto. Disculpa la demora con que escribo estas lÃneas que no pretenden más que ser un homenaje mÃnimo a tu trato generoso.
Monsieur Le Décadent




