Gala... (General)
Y qué diablos pensé, después de que la noche pasada habÃa estado con una chica pequeña, rubia y de rostro muy bello, a quien deseaba hacerle el amor. Sin embargo, dado que eso no se dio, acudió a mi mente la imagen de una chica en el polo opuesto con respecto al tono de piel, pero que comparte la misma agradable y justa proporción fÃsica, la muy bella Gala.
No era la primera vez que me habÃa propuesto solicitar su servicio, pero sà fue la primera ocasión que pude localizarla. Quedamos de vernos en el Aranjuez y esperé y esperé, no sin comunicación de su parte que me aseguraba que llegarÃa.
Mi corazón bombeaba sangre notablemente mientras imaginaba su silueta bien definida; su tono de piel moreno; la tersura de su piel y cómo se sentirÃan esas nalgas al balancearlas entre mis manos.
Cuando por fin tocaron a la puerta vi por la mirilla ese rostro encantador. Después de pasar y saludarnos acudió al lavabo y, mientras estaba allà preparándose, me acerqué a su lado para acariciar por primera vez aquellos hermosos glúteos bien definidos a través de un pantalón tan entallado que parecÃa embarrado a su piel. Le ayudé a retirárselo pues estaba verdaderamente ajustado.
Después de los primeros escarceos me senté a la orilla de la cama y le pedà que se sentara en mi pene. Asà pude sentir lo estrecha que es, además de poder acariciar sus bien torneados muslos y sus hermosas y suaves nalgas. Ella empezaba el sube y baja, pero le solicité que esperara. Le pregunté algunas cosas, pues querÃa escucharla hablar sabiendo que yo ya estaba dentro de ella. Es asà que de manera tÃmida me hablaba mientras yo sabÃa que tenÃa sentada y bien ensartada a una chica verdaderamente joven y hermosa, cuyo peso no era para nada molesto; pues es ligera como una pluma; y que mi erección, pese a que aún no habÃa movimiento alguno, se mantendrÃa firme por el simple hecho de la estrechez de su vagina. La acaricié desde sus piernas subiendo por toda su tersa piel hasta llegar a sus deliciosos pechos los que amasaba con cuidado.
Tras besar su morena espalda me recosté colocando una almohada detrás de mi cabeza y la tomé de la cintura para comenzarla a subir y bajar, y mientras veÃa mi pene deslizarse por su jugoso y estrecho orificio escuchaba cómo el tono de su voz cambiaba, pues ella seguÃa hablándome pero ahora de manera entrecortada mientras yo salÃa y entraba de ella.
Pasamos a la posición de perrito en la cual la penetraba suavecito, al mismo tiempo que veÃa en el espejo de la habitación una sonrisa que se dibujaba en su rostro. Tras otras variaciones que permitieron sentir en mi pubis esas suaves y abultadas nalgas, la sesión terminó dejándome deseoso de otro encuentro.
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