Cuéntame cómo pasó (Mi primera experiencia putera). (General)
La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados
Recuerdo que siendo YO muy joven, salía del colegio (ya se sabe: hay que labrarse un porvenir) y tenía que pasar por el barrio putero para ir a mi casa. Recibía clases extras (de matemáticas e idiomas para ser p r e c i s o s) en el horario nocturno y claro, salía cerca de las 20.00 horas (Hecho qué por otro lado me gustaba sobremanera, por ser la mejor hora de barrio putero).
Por aquella época, Nuestra Sra. De la M e r c e d fue uno de los mejores barrios DeFeños para ese tipo de lances, se podían ver unas mujeres estupendas, macizas, cachondas, con la típica vestimenta de la época, esas minifaldas, esos escotazos y esa peculiar educación de la que hacían gala: niño: ven paca qué tago hombre..., etcoétera.
Si hiciese memoria serían incontables las puñetas que me hice a cuenta de aquellas mujeres. Pero uno va creciendo, y tendría unos catorce añitos cuando me decidí a subir por primera vez con una...
Lo primero fue la recaudación económica, en aquella época (estoy hablando de principios de la década de los 70s) en el barrio subir a echar un kiki era un estipendio (creo recordar) de 5 ó 10 pesos, de los de antes (no el ridículo y devaluado cupón de cambio en que nuestros bienamados gobernantes han convertido nuestra moneda), por suerte los tenía. Lo siguiente era escoger a la putichica, eso era más complicado, aunque estaban casi todas en la calle, tenía vergüenza por mi juventud, por mi estreno puteríl y por si alguien conocido me viera en esos lances. Esperé un día lluvioso, me puse mi chamarra con capucha y ¡Al ataque! . Paseé todo el barrio buscando la que más me gustara, y no lo tuve difícil, en la puerta de un garito de aquellos asomaba una mujer impresionante, alta, con unas tetazas imponentes y unas piernas de ensueño largas estilizadas y suculentas, me acerque y tímidamente la pregunté: ¿Cuánto> y ella me miró, y sonriendo y en mal español me dijo: son 10 y el cuarto. El cuarto por aquellas costaba 5 pesitos. Pues...adelante, y ella me agarró del brazo y me dijo: vamos niño pa'rriba. Tembloroso, pensando en que lío me había metido, y no quedándome otro remedio la seguí. Entramos en el portal y subimos una escalera mal trazada, el hotel (que aún existe) en esa época ya era muy antiguo y un olor característico (nada agradable por cierto) lo envolvía todo, pero en aquel momento eso no era lo importante. Subimos al segundo piso, timbró y una señora de unos setenta años, con pinta de p u t a retirada asomó por la puerta. Nos indicó la habitación y allí fuimos. Yo estaba un poco atemorizado y me quede quieto sin saber que hacer, ella salió con una palangana a por un poco de agua y cuando regresó me encontró parado en el mismo lugar, igual que me había dejado.
¡Pero aún estás así: vamos sácate la ropa que el tiempo pasa!, me saqué la chamarra, la camisa, la camiseta, los pantalones y me quedé en boxers. Ella se sacó la camisa y ¡Dios!, nunca había visto una tetas tan impresionantes, grandes, enormes, suculentas y... podía tocarlas. Ella se quedó en pelotas, una hembra impresionante, y me la iba a fornicar (bueno ella a mi). Vente pa la cama y sácate los calzoncillos, así lo hice y me tumbé a su lado. Ella empezó a tocarme el pene y al momento como buen soldado se puso de pié. Vamos ponte encima y me cogió la perinola y la metió en aquella mata de pelo. ¡Qué sensación!... Tenía la cabeza entre aquellos melones y me la estaba fornicando. Duró poco aquello, pero fue inolvidable. ¡Qué tiempos!, ni sábanas, ni condones, ni baño, al terminar te daban un cacho de papel higiénico, y a correr para tu casa, pero era bonito... Mucho han cambiado las cosas, más que las carreteras, pero cómo los comienzos no hay nada. Luego de vez en cuando la volvía a ver, me enseñó un montón de cosas sobre el asunto de la fornicación, y el trato fue cambiando En resumen fue una experiencia memorable, pero la intriga de saber si todas eran así me pudo más y al poco tiempo probé con otra putichica distinta, y después con otra, y con otra más... ¡Y desde entonces no paro!
¡Ajúa!, ¡Salute! y... ¡Agur!
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