Por cierto a cual como se llama el restaurante ??? Se me antojo Comer pasta (General)
» ¡Qué vida! La auténtica vida está ausente. No estamos en el mundo.
» (Arthur Rimbaud)
»
» El dÃa de ayer fuà a cenar a un Restaurante de comida Italiana, sino el
» mejor, si les puedo decir que está a la altura del famoso Piperno en Roma,
» cené una pasta y ensalada, iba en compañia de una diva que actualmente no
» esta anunciada y por eso les pido respeto porfavor, durante la cena
» platicamos de muchÃsimas cosas es una diva con mucha cultura le compartà mi
» gusto por la PoesÃa Francesa mi admiración por los famosos poetas malditos
» Baudelaire, Rimbaud, Conde de Leautremont, me emocioné tanto que cuando
» llevaba encima media botella de SeñorÃo Sarriá-Reserva Especial me atrevà a
» dedicarle uno de mis poemas favoritos "El Barco Ebrio" de Arthur Rimbaud.
»
» Ella parecÃa fascinada, lo malo es que mi corazón está confundido porque
» nunca me habÃa enamorado tan apasionadamente de nadie, aunque ella no esta
» anunciada actualmente y amenaza con volver yo la quiero por igual, pero no
» sse si estoy haciendo mal las cosas. Espero que me ayuden y no sean muchas
» las mentadas soy un niño indefenso.
»
» " Mientras descendÃa por RÃos impasibles,
» sentà que los remolcadores dejaban de guiarme:
» Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos,
» clavándolos desnudos en postes de colores.
»
» No me importaba el cargamento,
» fuera trigo flamenco o algodón inglés.
» Cuando terminó el lÃo de los remolcadores,
» los RÃos me dejaron descender donde quisiera.
»
» En los furiosos chapoteos de las mareas,
» yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,
» ¡corrÃ! y las PenÃnsulas desamarradas
» jamás han tolerado juicio más triunfal.
»
» La tempestad bendijo mis desvelos marÃtimos,
» más liviano que un corcho dancé sobre las olas
» llamadas eternas arrolladoras de vÃctimas,
» ¡diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros!
»
» Más dulce que a los niños las manzanas ácidas,
» el agua verde penetró mi casco de abeto
» y las manchas de vinos azules y de vómitos
» me lavó, dispersando mi timón y mi ancla.
»
» Y desde entonces, me bañé en el poema
» de la mar, lleno de estrellas, y latescente,
» devorando los azules verdosos; donde, flotando
» pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;
»
» ¡donde, tiñendo de un golpe las azulidades, delirios
» y ritmos lentos bajo los destellos del dÃa,
» más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras,
» fermentaban las amargas rojeces del amor!
»
» Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas
» y de las resacas y de las corrientes:
» ¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas,
» y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creÃdo ver!
»
» ¡Yo he visto el sol caÃdo, manchado de mÃsticos horrores.
» iluminando los largos flecos violetas,
» parecidas a los actores de dramas muy antiguos
» las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!
»
» ¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,
» besos que suben de los ojos de los mares con lentitud,
» la circulación de las savias inauditas,
» y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores!
»
» ¡Yo seguÃ, durante meses, imitando a los ganados
» enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes,
» sin pensar que los pies luminosos de las MarÃas
» pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos!
»
» ¡Yo embestÃ, sabed, las increÃbles Floridas
» mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel
» de los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas
» bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños!
»
» ¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas
» en las que se pudre en los juncos todo un Leviatán;
» los derrumbes de las aguas en medio de la calma,
» y las lejanÃas abismales caer en cataratas!
»
» ¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas!
» naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros
» donde serpientes gigantes devoradas por alimañas
» caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes!
»
» Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados
» de la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.
» Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos
» y vientos inefables me dieron sus alas por un momento.
»
» A veces, mártir cansada de polos y de zonas,
» la mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce
» elevó hacia mà sus flores de sombra de ventosas amarillas
» y yo permanecÃa, al igual que una mujer, de rodillas...
»
» Casi isla, quitando de mis bordas las querellas
» y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios.
» ¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
» los ahogados descendÃan a dormir, reculando!
»
» O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
» arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros,
» yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa
» no hubieran salvado la carcasa borracha de agua;
»
» Libre, humeante, montado de brumas violetas,
» yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared
» que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,
» lÃquenes de sol y flemas de azur;
»
» Yo que corrÃa, manchado de lúnulas eléctricas,
» tabla loca, escoltada por hipocampos negros,
» cuando los julios hacÃan caer a golpes de bastón
» los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas;
»
» ¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas
» el celo de los Behemots y los Maelstroms espesos,
» eterno hilandero de las inmovilidades azules,
» yo extraño la Europa de los viejos parapetos!
»
» ¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas
» donde los cielos delirantes están abiertos al viajero:
» ¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilas,
» millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro>
»
» ¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras,
» toda luna es atroz y todo sol amargo:
» El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
» ¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!
»
» Si yo deseo un agua de Europa, es el charco
» negro y frÃo donde, en el crepúsculo embalsamado
» un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta
» un barco frágil como una mariposa de mayo.
»
» Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
» arrancar su estela a los portadores de algodones,
» ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes,
» ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones. "
»
»
»
»
» Los quiero mucho, sinceramente el niño de piyama de rayas.
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